Silencio. Nada de ruido. El tele prendido pero en silencio. Auriculares puestos sin reproducir nada.
Oscuridad. Penumbra. Solo mi computadora ilumina con el televisor esta sala.
Mi mente divaga. Va de un lado a otro. De un pensamiento incoherente a uno racional. De sueños vagos a sueños concretos, serios. Y por momentos, como una publicidad subliminar apareces tú. Tú rostro. Tú voz. Tú mirada.... apareces tú.
Tú que nunca pensé que estarías en mi cabeza. Tú quien no creía que me quitara el sueño. Tú.
Aquel que con sus manos me toma de la cintura y me besa pero solo de vez en cuando. Aquel que con su sonrisa se lleva mi alegría. Aquel que no quería que entrara en mi vida porque sabría que podía terminar así: callada. Sin decir una palabra. No puedo pronunciar una frase que exprese lo que siento. No puedo confesar que tú, hombre recto, jóven risueño, niño inquieto te llevas cada noche mis sueños sin saber que que estas en ellos.
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